¿En realidad existe la media naranja?
Desde que somos niñas idealizamos a esa persona que va a compartir y a amarnos por el resto de nuestros días. Sofía es un ejemplo innato de este delirio de encontrar a esa personita ideal. Cuando ella tenía diez años ya imaginaba como iba a ser su vida de adulta, claro con la ayuda de su imaginación.
Ya tenía en mente su vestido de novia, su vals, sus damas y su hombre ideal, muy parecido al Ken de la Barbie; guapo y con unos músculos increíbles. Pero la realidad la enfrentó al paso del tiempo cuando llego a su adolescencia y se enamoró por primera vez, entregando su corazón por completo. Después de un tiempo comprendió que ese hombre que amaba no era para ella.
Y continúo en la búsqueda de su media naranja con la incógnita presente de que tan larga seria la espera para poder realizar su sueño de formar la familia perfecta. Al pasar de los años Sofía contaba con un costal de experiencias fallidas y un corazón lleno de heridas. Fue entonces cuando la verdadera intriga comenzó. Ella empezó a dudar que esa media naranja apareciera algún día. Cayendo en cuenta que había creado esa falacia con el fin de motivar sus sueños.
En realidad casi todas hemos pasado o estamos en la misma situación de Sofía. Por supuesto algunas cuentan con la suerte de haber encontrado a un buen hombre que las ama. Pero seamos sinceras la mayoría del ganado que sigue libre no llena nuestras expectativas, porque queremos a un príncipe azul que nos ayude a iniciar nuestro propio cuento de hadas.
Muchas personas se encuentran en la búsqueda de una pareja perfecta. ¿Acaso existe? ¡Por supuesto que no! Lo que realmente existe son los complementos. Es decir una persona que tenga lo que a nosotros nos falta. Por ejemplo si eres una persona introvertida necesitas a alguien extrovertido, de esa forma te ayudara a que no te cohíbas en los ámbitos sociales.
No debemos dejar de tomar en cuenta las metas y los valores. Esas son unas de las herramientas más importantes para poder tener una relación duradera. Es muy difícil mantener una relación amorosa con alguien que no comparta tus mismos ideales. Por ejemplo formar una familia cuando el otro quiere aventurarse por el mundo. Por consiguiente, no podemos aferrarnos a la idea de encontrar a alguien perfecto, porque nadie lo es. No hay que enfocarnos en buscar perfección sino afinidad.
Eso no quiere decir que le tenemos que cerrar las puertas a las oportunidades del destino. Nos podemos llevar sorpresas al descubrir el amor en el menos pensado. No nos podemos dejar llevar por las apariencias. La próxima vez que salgas con alguien mínimo sal con esa persona tres veces. Porque el amor no nace de la noche a la mañana tenemos que trabajar en el, como cuando siembras una plantita se tiene que regar todos los días y cuidarla con mucha devoción.
En las relaciones sucede exactamente lo mismo. Para poder tomar una decisión acerca de alguien más se le tiene que dar varias oportunidades. El amor llega cuando tiene que llegar, en el momento preciso, la hora adecuada y en el lugar indicado. Y por supuesto tenemos que tomar en cuenta que la felicidad es una actitud, que se obtiene dentro de uno mismo.
